Aunque suelen tener una mayor presencia en distintos segmentos del mercado inmobiliario, corredores y brokers pueden complementarse. El acceso a proyectos nuevos y el desarrollo de herramientas digitales están permitiendo que más profesionales amplíen su campo de acción y las alternativas que pueden ofrecer a sus clientes.
Santiago, septiembre 2026.- Comprar una vivienda usada, buscar un departamento nuevo para invertir o arrendar una propiedad son necesidades distintas, y quienes participan en su intermediación también suelen tener distintos campos de acción. Los corredores de propiedades tienen una fuerte presencia en viviendas usadas y arriendos, mientras que los brokers suelen trabajar con proyectos nuevos de distintas inmobiliarias. Sin embargo, ambas actividades pueden complementarse y, cada vez con mayor frecuencia, un mismo profesional puede desarrollar las dos.
La presencia de los corredores es mucho mayor en las propiedades usadas. Según estimaciones de la consultora Tinsa, durante 2023 los corredores participaron en cerca del 20% de las ventas de viviendas nuevas en la Región Metropolitana, mientras que en las viviendas usadas su participación llegó aproximadamente al 80%. A esto se suma que, según datos de Portal Inmobiliario, las viviendas nuevas representan alrededor de un 23% del stock total de casas y departamentos en venta.
Para Jorge Moena, subgerente comercial de JetBrokers, estas cifras no muestran un sesgo, sino un espacio que los corredores pueden aprovechar incorporando proyectos nuevos a lo que ya hacen. Esto no supone dejar de trabajar con propiedades usadas o arriendos, sino sumar otra alternativa para responder a las necesidades de sus clientes. “Corredor y broker no son necesariamente dos caminos distintos. Las actividades se pueden complementar e incluso mezclar, porque finalmente tienen un objetivo común: prestar un buen servicio al cliente inmobiliario. Un corredor puede mantener el trabajo que ya realiza y, al mismo tiempo, sumar propiedades nuevas para ampliar las opciones que puede ofrecer”, explica Moena.
Uno de los factores que facilita esta posibilidad es el desarrollo de plataformas digitales que concentran proyectos de distintas inmobiliarias. En lugar de trabajar únicamente con la oferta que maneja habitualmente, el corredor puede acceder a nuevas alternativas y contar con información sobre ellas para incorporarlas a su gestión comercial. A esto se suman herramientas como los CRM, la inteligencia artificial y las redes sociales, que cumplen funciones diferentes dentro del trabajo cotidiano: organizar y hacer seguimiento de clientes, agilizar determinadas tareas y abrir nuevos canales para llegar a potenciales compradores.
“Para un corredor, la tecnología permite dar un paso más en su forma de trabajar. Hoy puede gestionar una mayor cantidad de información y operaciones, responder con mayor rapidez y dedicar más tiempo a la asesoría del cliente. Su incorporación ya es parte importante de las capacidades necesarias para desenvolverse en el mercado inmobiliario”, señala Moena.
Esta posibilidad puede ser especialmente útil cuando el cliente aún no ha definido qué propiedad comprar. Al contar con viviendas usadas y proyectos nuevos entre sus alternativas, el corredor puede ampliar la búsqueda y asumir un rol más activo en la asesoría, ayudándolo a evaluar las opciones que mejor respondan a sus necesidades.
“Al final, más que si es corredor o broker, la conversación debería estar en qué tan buen asesor es, qué herramientas digitales maneja para su trabajo y qué capacidad tiene de acompañar al cliente durante todo su recorrido”, concluye Moena.






