Nacida en 1976, celebra cinco décadas de historia manteniendo intacto su origen en Valdivia, su vínculo con la ciudad y una propuesta basada en calidad, diseño, ingredientes reales y memoria familiar.
Hay marcas que nacen para vender un producto. Y hay otras que, con el tiempo, terminan formando parte de la historia emocional de una ciudad, de sus familias y de distintas generaciones. Ese es el caso de Entrelagos, la chocolatería valdiviana que este año celebra 50 años de trayectoria y que, desde sus inicios, ha buscado llevar en cada chocolate, mazapán y caja de regalo un pedacito del Sur de Chile.
La historia comenzó en 1976, cuando Tiglat Montecinos, entonces profesor de Turismo, junto a su alumno José Luis Birke, empezaron a pensar en un producto que ayudara a fortalecer la identidad de Valdivia. En una ciudad marcada por su patrimonio natural, cultural y gastronómico, ambos vieron una oportunidad en la tradición dulce local, especialmente en el mazapán, las calugas y la chocolatería.
“Buscábamos un producto que ayudara a fortalecer la imagen de Valdivia. En nuestra familia existía esta tradición gastronómica dulce que en ese momento estaba un poco dejada de lado. Partimos con una idea, sin trabajadores, y con una persona que nos ayudaba de siete a once de la noche”, recuerda Tiglat Montecinos, cofundador de Entrelagos.
Los primeros años fueron de mucho esfuerzo. La marca comenzó de manera pequeña, con producción limitada y ventas que avanzaban lentamente. El primer gran hito fue instalarse con un local en el centro de Valdivia, lo que permitió acercarse a los clientes y empezar a construir una relación que, con los años, sería clave para el crecimiento de la empresa.
En sus inicios, Entrelagos partió elaborando calugas, pero fue el mazapán el producto que comenzó a abrir caminos, lo que terminó marcando la identidad incial de la marca y la convirtió en un referente en el Sur de Chile.
Pero Entrelagos no solo se diferenció por el sabor. Desde muy temprano apostó también por el diseño, los envases y la conexión con el territorio. Mientras en esa época muchas marcas se concentraban únicamente en el producto, Entrelagos entendió que la experiencia comenzaba antes de probar el chocolate: en la caja, en la ilustración, en la historia y en la emoción que provocaba regalarlo. Crearon una empresa pensando en los deseos de los clientes, en lo que ellos realmente valoraban al momento de comprar chocolates.
Esa mirada también marcó la vida familiar. Para Francisca Montecinos, hija del fundador, directora creativa y ex gerente general de Entrelagos, la marca fue parte de su infancia desde el primer día. “Entrelagos y yo cumplimos 50 años este año. Es como mi hermana melliza. Partió en el patio de mi casa, por lo que crecimos juntas”, cuenta.
Francisca, junto a sus hermanas Fernanda y Florencia, recuerdan una infancia atravesada por la fábrica, los trabajadores, las reuniones con clientes en el living de la casa y los productos que se preparaban a diario. También concuerdan que, durante años, las cajas de Entrelagos no solo eran reconocidas por sus chocolates, sino porque era una forma de hablar de Valdivia, de sus bosques, sus ríos, su lluvia, su patrimonio y su gente. Las tres hermanas participaron durante su juventud y época universitaria en diversas áreas de Entrelagos. “Fuimos operarias de línea, promotoras, supervisoras y luego aportamos en diseño y gestion comercial; durante las vacaciones atendíamos también en las tiendas…”, conocemos el negocio desde Adentro y siempre nos hemos mantenido unidas a esta tradición chocolatera. Florencia se está integrando actualmente el Directorio de Entrelagos y Fernanda participa en el diseño de los envase de madera de la marca.
“Entrelagos es un viaje al Sur. Es alimentación emocional. No solo entrega un chocolate rico, hecho con amor y orgullo, sino que conecta con valores que representan lo mejor de la identidad sureña. Es la estufa calentita cuando entras a casa todo mojado. Es aquello que abriga el corazón”, afirma Francisca Montecinos.
A lo largo de estas cinco décadas, la marca ha mantenido algunos pilares intactos: producir en Valdivia, trabajar con ingredientes reales, desarrollar sus propias recetas y preservar una identidad visual ligada al sur. Sus productos siguen elaborándose en origen, con una especial preocupación por la calidad y por evitar atajos en la producción.
“Todo se produce en Valdivia. Nunca hemos pensado, pese a las dificultades, en irnos de acá. Es nuestro ADN. También hemos mantenido la calidad: todo se hace desde cero, no compramos rellenos listos o preelaborados. Trabajamos desde el fruto seco en adelante, respetando los ingredientes”, agrega Francisca.
Ese compromiso con la autenticidad ha sido parte del vínculo que Entrelagos ha construido con sus clientes. En Valdivia, su tienda y Salón de Té se han convertido en un punto de encuentro para distintas generaciones. Padres, hijos y nietos han pasado por el mismo lugar, transformando la visita en una tradición familiar.
También hay una relación especial con sus cajas. Muchas familias las guardan durante años, las reutilizan como costureros, estuches o cajas de recuerdos, convirtiéndolas en objetos que permanecen más allá del consumo. Para Entrelagos, ese gesto resume parte de su historia: una marca que no solo se compra, sino que se atesora.
Una suma de familias
La historia de la familia Montecinos se cruzó hace más de 20 años con la de la familia Jaras. Isabella, Patricio y Paula eran los ex dueños de la marca Nutrabién. Juntos participaban en un grupo de Pymes de alimentos, que viajaban a misiones tecnológicas juntos para ver tendencias globales e innovación. “Lo que nos unió desde ese entonces fue una visión compartida: el desafío de tomar esa tecnología de vanguardia y adaptarla a nuestras realidades productivas en Chile sin perder la identidad de nuestros productos”, cuenta Isabella Jaras, actual directora de innovación de Entrelagos.
Es así, como el año 2018 decidieron unirse, junto a Yasmin Neder -artista, diseñadora y señora de Patricio Jaras- para potenciar la marca Entrelagos y sumaron así su exitosa experiencia en el mundo de las harinas, la trayectoria de Yasmin, y su capacidad estratégica en gestión empresarial, para llevar a la marca a una segunda etapa de crecimiento.
“Nuestra sociedad no fue una coincidencia financiera; fue la maduración natural de un equipo que ya compartía el mismo ADN de innovación y el mismo estándar de calidad”, cuenta Patricio Jaras. Junto con su hermana Isabella, iniciaron Nutrabien, así que conocen sobre cómo llevar los cambios y el crecimiento: “Lo más complejo sobre crecer tan rápido, son los constantes cambios. El impacto en las personas y en mantener un equipo unido mientras se crece. Así que juntamos lo mejor de los dos mundos, seleccionamos talentos y armamos nuevos equipos, buscando las mejoras continuas y nuevos lanzamientos de productos”, concluye Patricio.
Una de las primeras decisiones que tomaron fue realizar un viaje en conjunto hacia las plantaciones de Cacao de sus principales proveedores en Latinoamericanos, para vivir un viaje inmersivo en la cultura cacaotera. “El chocolate es un alimento que aporta muchas propiedades orientadas al bienestar físico y emocional. Ya deja de ser únicamente un gusto indulgente para convertirse en un producto que acompaña el estilo de vida del consumidor. El futuro del chocolate está marcado por un consumidor más consciente, que busca experiencias sensoriales únicas, transparencia en el origen, beneficios para la salud y opciones más sostenibles. Nuestro camino va hacia la simplificación radical de los ingredientes, eliminando aditivos artificiales y volviendo a materias primas nobles para rescatar el sabor auténtico y natural” declara Isabella.
Así, para Francisca, en esta segunda etapa la empresa Entrelagos se ha convertido en empresa profesional, pero que mantiene su vocación familiar intacta. “Somos una suma de varias familias, que compartimos valores, principios y propósitos comunes que nos permiten tener una visión de futuro”.
“Somos una marca chilena reconocida por la calidad de sus mazapanes y chocolates, y por llevar las delicias del Sur a consumidores que buscan rememorar el cariño de los abuelos, los padres y la familia orientada siempre a satisfacer los deseos de nuestros clientes”, concuerda Paula Jaras, actual presidenta del directorio de Entrelagos.
Tiglat Montecinos coincide: “Pasar de un bolichito, de una pieza de treinta metros, a lo que logramos construir, fue difícil. Pero el aprendizaje principal de estos 50 años es que no hay cosas que puedan hacerse sin trabajo duro, concentración y preocupación por satisfacer necesidades de otros”, concluye Tiglat Montecinos.
Hoy, al cumplir 50 años, Entrelagos mira su historia con orgullo, pero también con sentido de responsabilidad. Lo que nació como una idea pequeña en Valdivia se transformó en una marca querida, reconocida y con vocación de futuro. Entrelagos celebra hoy, no solo el crecimiento de una empresa, sino el hecho de lograr crecer y transformarse sin perder su historia, su identidad.







