viernes, 3 julio, 2026

Geopolítica y cadenas de abastecimiento: cuando el tablero global redefine la logística.

El escenario geopolítico global ha experimentado transformaciones profundas en los últimos años, alterando las condiciones bajo las cuales operan los mercados y se estructuran las cadenas de abastecimiento. Lo que durante décadas fue un orden relativamente estable, hoy se reconfigura a una velocidad que obliga a las empresas a incorporar variables geopolíticas en su planificación estratégica. Particularmente, tensiones como el conflicto en torno a Irán y la desestabilización de Medio Oriente —especialmente en el estrecho de Ormuz— ponen en riesgo aproximadamente el 20% del suministro mundial de petróleo y gas, con el consecuente impacto en costos energéticos y presiones inflacionarias a escala global.

Tras la caída del muro de Berlín, la supremacía mundial tuvo un actor claro e indiscutido: Estados Unidos. En torno a ese orden se desarrollaron políticas exteriores, comerciales y estratégicas que configuraron el sistema económico global. Sin embargo, acelerado en buena medida por el desarrollo tecnológico, comenzó a emerger un nuevo actor: China. Con una capacidad productiva a menores costos y niveles de desarrollo tecnológico que igualan —y muchas veces superan— a las potencias occidentales, China ha ido redefiniendo el concepto mismo de supremacía. Este ya no se sustenta exclusivamente en la ocupación y control de territorios, sino en la influencia sobre economías. En esa carrera, China ha desplegado su soft power a través de inversiones en sectores clave para el desarrollo económico de distintas regiones del mundo: energía, minería, logística y, sobre todo, tecnología.

Estados Unidos, por su parte, parece haber reaccionado con cierta tardanza y busca recuperar parte de la ventaja cedida. No obstante, ante la imposibilidad de competir en costos de producción con su contraparte, la estrategia parece orientarse hacia el control de las cadenas de suministro de las que depende el aparato productivo chino. De esta manera, se desata una carrera por el dominio del abastecimiento de materias primas críticas: petróleo, tierras raras —indispensables para la producción tecnológica—, litio y cobre, entre otras. Desde esta perspectiva, cobra sentido el interés por Groenlandia, que no solo alberga potenciales reservas de tierras raras, sino que también ofrece un punto de control sobre futuras rutas comerciales a través del Ártico. Del mismo modo, se comprende la relevancia estratégica de Taiwán, responsable de más del 90% de la producción de microchips avanzados utilizados en el desarrollo de inteligencia artificial.

Así, las intervenciones de Estados Unidos en Venezuela e Irán, la presión sobre Groenlandia y la postura frente a Taiwán responden a un mismo objetivo: el control de las cadenas de suministro de insumos estratégicos que permita equilibrar el poder de influencia económica de China. La vieja mirada del Motherland versus Hinterland cobra más vigencia que nunca, en un contexto donde el uso de la fuerza ha vuelto a posicionarse como una alternativa real.

En este contexto internacional, con una puja de poder que podría derivar en un sistema de equilibrios similar al de la Guerra Fría, Chile tiene la oportunidad de asumir un rol protagónico. El país posee parte de los minerales críticos necesarios para el desarrollo tecnológico —litio, cobre, tierras raras—, además de la potencialidad de convertirse en un hub de conectividad entre Latinoamérica y Asia. Sumado a la creciente generación de energía a partir de fuentes renovables, esta combinación podría incentivar la instalación de compañías desarrolladoras de tecnología vinculada a la inteligencia artificial.

Es aquí donde radica el mayor desafío. Por una parte, desde la perspectiva estratégica, se requiere diseñar el camino mediante el cual el país navega la disputa de poder entre ambos gigantes. Por otra, el desafío para la industria consiste en generar las condiciones necesarias para constituirse en una oferta real y competitiva para los inversionistas que buscan desarrollar capacidades regionales. Dentro de esas condiciones, no solo se encuentran las competencias tecnológicas, sino también las logísticas y de abastecimiento, indispensables para sostener la instalación y operación de esas industrias.

En definitiva, la tecnología y las cadenas de abastecimiento estarán en el centro de los desafíos que enfrentará la economía chilena, no solo por el potencial de desarrollo que representan, sino por la complejidad del escenario geopolítico que ya se está configurando. La diferencia estará en aquellas organizaciones que sean capaces de incorporar estas variables en su planificación, reconociendo que la geopolítica dejó de ser un asunto exclusivamente diplomático para convertirse en un factor determinante de la competitividad empresarial.

Jorge Aravena N.

Gerente de Desarrollo Corporativo del Grupo TW