domingo, 31 agosto, 2025

Fraude digital: cómo las empresas pueden protegerse ante una amenaza en aumento

Por Katherine Garrido, Chief Risk Officer de ProntoPaga.

El fraude digital dejó de ser una amenaza lejana para convertirse en un riesgo cotidiano para empresas y pymes en Chile. Según el último Informe de Sistemas de Pago (ISiP) 2025 del Banco Central, solo en el primer semestre del año se registraron más de 127 mil denuncias por fraudes con medios digitales, lo que representa un alza del 10 % respecto al semestre anterior. Estas cifras reflejan no solo pérdidas económicas, sino también un impacto directo en la confianza de los clientes, en la sostenibilidad de los negocios digitales y en la reputación de los comercios y emisores.

En mi experiencia, la prevención del fraude digital no se resuelve únicamente con tecnología. Si bien contar con herramientas sofisticadas es indispensable, los ciberdelincuentes evolucionan rápidamente y encuentran nuevas formas de vulnerar los sistemas. Por eso, los factores humanos, los procesos internos y la cultura organizacional cumplen un rol tan relevante como las plataformas tecnológicas.

La primera línea de defensa frente al fraude recae en las áreas operativas de cada organización. Su capacidad de respuesta depende directamente de tres pilares: capacitación continua, protocolos claros y tecnología de apoyo. Un empleado que identifica un correo sospechoso a tiempo puede evitar pérdidas millonarias. Un protocolo bien definido puede marcar la diferencia entre una transacción segura y un pago no autorizado. Y un sistema de monitoreo robusto puede detectar anomalías antes de que se materialice un fraude.

Existen al menos seis medidas mínimas que cualquier empresa puede implementar para mitigar riesgos:

  1. Autenticación reforzada: aplicar verificación en dos pasos, biometría y tokenización en accesos y transacciones sensibles.

  2. Monitoreo inteligente: utilizar sistemas de prevención de fraude que combinen reglas dinámicas con machine learning para detectar patrones inusuales.

  3. Capacitación continua: entrenar a los equipos para reconocer intentos de phishing, ingeniería social y nuevas modalidades de fraude.

  4. Políticas y procedimientos claros: establecer reglas internas de validación de pagos, protección de datos y escalamiento de incidentes.

  5. Alianzas estratégicas: trabajar con partners especializados en prevención de fraude y ciberseguridad, que aporten experiencia y capacidad tecnológica.
  6. Cifrado y protección de datos: asegurar la confidencialidad mediante tokenización y encriptación de información sensible.

Con el crecimiento sostenido del comercio digital, el fraude dejó de ser un tema exclusivo del área de fraude: hoy es un desafío transversal de gestión empresarial. Las compañías que lo entienden así y combinan procesos claros, capacitación permanente y tecnología especializada no solo reducen pérdidas, sino que también fortalecen la confianza de sus clientes.

En el ecosistema de pagos digitales, la seguridad ya no es un valor agregado: es el estándar mínimo para operar en un entorno cada vez más expuesto.

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